Como no podía ser de otra manera, la calidad de los productos se vio afectada notoriamente, aunque ahora se disponía de una mayor cantidad de productos para una cantidad mayor de consumidores. Había que buscar la forma de solucionar este problema.
En un primer intento, se buscó evitar que los artículos defectuosos llegaran a manos del cliente, separándolos previamente mediante exigentes controles de calidad que se basaban en inspecciones o mediante pruebas al término de la línea de producción.
En la actualidad, el sistema tradicional orientado exclusivamente a los controles de calidad, no son la forma más eficiente de evitar que artículos mal confeccionados lleguen a manos del consumidor, a pesar de que los medios de control se completen con personal muy bien capacitado o se utilicen herramientas muy sofisticadas. Con este tipo de control de calidad que clasifica los productos descartando los defectuosos, solo se está logrando solucionar una parte del problema, ya que la calidad debe estar incorporada en la fabricación antes de llegar al control de calidad.
Haciendo un análisis más profundo, se llegó a determinar que algunos defectos de fabricación que se llegaban a encontrar en el control de calidad, también podrían deberse a la materia prima o materiales que eran suministrados por algunos proveedores, por lo cual también era necesario establecer controles a este nivel.
Pero la cosa no termina allí, puesto que también se logra establecer que el propio proceso de diseño es el causante de la mayor parte de los errores más notorios y onerosos que se detectan en la punta final de la línea de producción. Se podrían ahorrar importantes costos finales de producción, simplemente realizando pequeños ajustes en el proceso de diseño.
El objetivo de la empresa debe estar centrado siempre en el cliente, puesto que la existencia y continuidad de la misma se basa en que los productos fabricados y los servicios prestados a pesar de ser correctos, deben satisfacer las necesidades del cliente. Un cliente que se sienta defraudado, derivará rápidamente hacia otro proveedor que pueda cubrir sus necesidades.
Algunos estudios han demostrado que solo uno de cada diez clientes defraudados por una mala experiencia repite su compra, a su vez, lo comenta en promedio con otras doce personas. Únicamente el cuatro por ciento le comenta al proveedor su insatisfacción, por lo que otros noventa y seis clientes ignoran totalmente al proveedor. Con esto se pierde la información que retroalimenta al mercado, y permite el posicionamiento de la empresa frente a su clientela. Por último, un tercio de esas cuatro personas que le comunican en forma directa al proveedor su falta de satisfacción, se quejan de la indiferencia del mismo.